jueves, 14 de abril de 2011
Las Películas Dobladas
Odio las películas dobladas. Las detesto desde lo más profundo de mí ser. ¿Tiene realmente sentido ver una película de Al Pacino, si Al Pacino dice ¡Rayos! en lugar de ¡Fuck!? Ya ni siquiera hablemos de palabras. Hablemos de tonos, de pausas, de silencios, hablemos de lo mal que queda ver que unos labios se mueven de una forma y las palabras que se escuchan de esos labios no tienen nada que ver con ese movimiento. No soy un experto en interpretación actoral, pero si soy un gran aficionado a las películas. ¿No es la expresión vocal una parte importantísima de la actuación? ¿No nos privamos de algo trascendente desechando la parte vocal de una actuación? Pagar una entrada en el cine, para ver una de Sean Penn, y que su voz sea reemplazada por la de Juanito Calzada, es un bochorno. Un insulto al arte de actuar. Por eso detesto a la gente que mira películas dobladas. Los odio. Alegan que "no tienen ganas de leer". Deforman una actuación por su vagancia. No solo una actuación, un guión. Y por ende, deforman una película. Mirar una película es un placer, un gusto que uno se da. Con lo cual deformar una película, por la vagancia de no querer leer los subtítulos, es priorizar la comodidad al goce. Y eso es imperdonable. Si se hace algo para disfrutar, hay que disfrutarlo lo máximo que se pueda, porque privarse de disfrutar algo que está al alcance por comodidad no es más que un acto de mediocridad. Y yo detesto con todo mi corazón a la gente mediocre. Ver una película doblada es como irse de vacaciones a Paris, y no visitar la Torre Eiffel porque queda muy lejos del hotel. Patético.
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